Adolescentes que se escapan de casa, colegialas inadaptadas y ensoñaciones de monstruos: Karen Walker siente fascinación por las rarezas y los outsiders.
Nacida en Nueva Zelanda, en 1969, Walker deja la escuela a los 18 años, desdeña la academia de moda y decide en cambio aprender el arte del corte. Con la máquina de coser de su madre y tan solo 100 dólares, Karen crea su primera prenda, una camisa de hombre con enormes motivos contrapuestos al estilo Liberty. La vende, confecciona otras y, en el transcurso de tres años, abre su primera tienda en Auckland.
Tras su debut en las pasarelas de Londres en 1999, su look es adoptado de inmediato por los individualistas de estilo casual. Sus creaciones no pretenden ser pretenciosas ni torpes: la sencillez se acompaña de una sastrería refinada, los detalles de lujo se pierden entre motivos excéntricos dibujados a mano.
La diseñadora construye auténticos personajes para sus colecciones, y cada uno protagoniza una historia sombría y de tonos oscuros. Con sus tres tiendas en Nueva Zelanda, Walker comienza a tener una fuerte presencia internacional.
En 2012 diseña una colección exclusiva para New Look, la cadena británica de moda. En 2014 lanza Karen Walker Runway, una colección flash de piezas clásicas a precios contenidos, junto con una importante colección de joyas, y emprende proyectos de otra índole, entre ellos gafas de sol, pinturas exclusivas para el hogar y para una marca de vodka «de boutique».
Sus colecciones transmiten una sensación de genuina exuberancia. Los estampados con potentes motivos gráficos aportan un vivaz sentido de lo insólito y lo extravagante. Y, sin embargo, a pesar del look grácil y refinado que muestran sus creaciones, Walker se dirige a una mujer creativa y segura de sí misma.
La outsider de Karen Walker es audaz, fuerte y decidida y, no obstante, representa un choque de elementos contrapuestos.
