Con su estilo popularísimo y seductor, hecho de estampados animal print y denim, cuesta creer que Roberto Cavalli trabajara en un relativo anonimato durante la mayor parte de sus inicios como diseñador. Comenzando en Florencia, Italia, Cavalli pintaba estampados sobre jerséis y se los vendía a otros diseñadores. No fue hasta 1995, cuando las mujeres empezaron a cansarse de la estética minimalista, que su negocio despegó con fuerza. La etiqueta se convirtió en sinónimo de prendas para cierto tipo de mujeres adineradas a las que les gusta hacerse notar. Su colección de vestidos con detalles en piel, lentejuelas, plumas, rayas y manchas busca recordarle a cada mujer que vuelva a sentirse femenina y sexy.