Son pocas las marcas de moda que pueden decir que han dado su nombre a una prenda concreta, y Mackintosh es una de ellas. Todo comenzó hace 200 años, cuando un químico de Glasgow, Charles Macintosh (la "k" se añadió más tarde), inventó el proceso de engomado del algodón en 1823.
Empezó vendiendo la tela a varios sastres, que la utilizaban para confeccionar abrigos impermeables que se hicieron populares en muy poco tiempo. Un fabricante que, más adelante, se convirtió en la propia empresa, fundada en 1895: Mackintosh.
Un auténtico mackintosh está hecho con este algodón engomado y se elabora totalmente a mano, con las costuras pegadas en lugar de cosidas, para garantizar una impermeabilidad total.
Durante casi un siglo, la industria del mackintosh vive su momento de esplendor, pero la aparición de imitaciones baratas en PVC provoca, hacia mediados de los años 80, una profunda crisis en su producción. Mientras las masas compran mac cortados a máquina y vendidos a precios más asequibles, el Mackintosh fabricado en Cumbernauld sigue reservado en exclusiva a la aristocracia, es decir, a quienes podían permitírselo, como Kate Moss o la reina Isabel II.
En 1983 entra en la empresa un joven, Dunko, como aprendiz de sombrerero, y en 1995, con la compañía al borde de la quiebra, es nombrado director de ventas. Cinco años después la compra y se convierte en consejero delegado. Inspirándose en el legado del producto, construye desde cero un negocio que hoy compite con las marcas de lujo más prestigiosas, fabricando abrigos para Comme des Garçons, Gucci y Hermès.
Estas colaboraciones no solo aportan los fondos necesarios para ayudar a Mackintosh a desarrollar su propia línea, sino que además le proporcionan una importante plataforma de marketing.
Dunko también entiende que el mercado femenino es más rentable que el masculino, ya que los hombres solo compran una o dos prendas cada pocos años, mientras que las mujeres disfrutan variando con frecuencia el color y el estilo. Por eso, desde principios de los años 2000, deciden orientar su negocio hacia los abrigos de mujer.
En 2007, Mackintosh es adquirida por una empresa de Tokio, Yagi Tsusho, propietaria también de Barbour. Esta inversión permite financiar la nueva tienda insignia de Mackintosh en la prestigiosa Mount Street de Mayfair, en Londres, donde se exponen tanto los clásicos del archivo Mackintosh como sus colecciones actuales.
Hoy en día, Mackintosh es todo un imperio, impulsado también por colaboraciones con marcas de streetwear como Converse y Vetements. Una elección perfecta en cualquier ocasión: no importa que la prenda sea cara, porque la calidad hecha a mano no tiene precio.
