La esposa de Brunello Cucinelli nació en Solomeo, la aldea de la que él, en 1978, se enamoró. Aquí su esposa tenía una pequeña tienda de ropa y aquí surgió en él la idea de aventurarse en la empresa de la prendería de punto.
Y enseguida tuvo una intuición que le pareció innovadora: el cachemira de colores para mujer.
El mercado, sobre todo el alemán, mostró apreciar esta novedad y fue precisamente gracias a ella que su empresa logró, en poco tiempo, destacar.
Con el tiempo, Brunello Cucinelli se convenció definitivamente de que una cualidad importantísima de la cachemira, más allá de su suavidad, era la durabilidad.
Este concepto de una larga duración formaba parte de él, de su manera de concebir el mundo, en el que, desde entonces, centra cada aspecto creativo y productivo de la empresa.
